BARCELONAUTES / SILVIA MARSÒ – ACTRIZ DE LA OBRA DE TEATRO «YERMA» EN BARCELONA

¡Ay qué prado de pena!¡Ay qué puerta cerrada a la hermosura, que pido un hijo que sufrir y el aire me ofrece dalias de dormida luna! gime Yerma. Yerma busca tener un niño. Yerma busca amor. Yerma busca calor. Pero Yerma sólo encuentra dolor, angustia y frío. La estremecedora obra de Federico García-Lorca sobre la obsesión por una maternidad que nunca llega y la presión de la sociedad vuelve a las tablas, en esta ocasión de la mano de un insigne y ya octogenario director de nuestra escena, Miguel Narros, recalando en el Teatre Tívoli de Barcelona como parte de su gira por España. Una catarata de imágenes poéticas entreveradas con una crítica a las normas sociales y al retrato de una época que, por otra parte, como los textos imperecederos, mantiene toda su vigencia intacta.

La puesta en escena de Narros nos ofrece un decorado simbólico que potencia la tremenda poesía de esta obra. Un árbol seco, anclado en una tierra resquebrajada bajo la que corre el agua (el agua como elemento fecundador y la tierra como madre). Un fondo de nubes, que va cambiando sutilmente de color gracias a un trabajo sobresaliente de diseño de iluminación, hace que por momentos parezca que estemos delante del Angelus de Millet o de los cielos de las pinturas de Friedrich. Esto, más un perfecto vestuario, hace que plásticamente la obra sea muy parecido a estar observando un cuadro en movimiento. Narros opta por intercalar también temas flamencos del desaparecido Enrique Morente que ponen los pelos como escarpias y aportan un plus de intensidad al ya de por sí intenso texto.

Pero si plásticamente esta propuesta es acertadísima, hay ciertos peros en otros aspectos que hacen que el poder dramático tan bestial que posee este mítico texto se quede por el camino. Y es que las interpretaciones (por lo que parece una elección de dirección) son tal vez demasiado exageradas. La sutileza habría sido más efectiva a la hora de emocionar, porque reforzar de esta forma un texto que ya contiene la tragedia en sí mismo arrebata en muchos momentos la poesía a las frases lorquianas. Silvia Marsó exhibe un recital de recursos sin duda llamativo, pero su Yerma parece una histérica casi desde el principio y al espectador no le resulta extraño que acabe como acaba la pobre (aunque sea una manera completamente válida de enfocar el personaje). No hay una evolución gradual, sino una serie de cambios de registro bruscos. El caso es que Marsó parece aquí una versión en joven de la Nuria Espert más desaforada. Que todo es cuestión de gustos, e impresiona, eso es cierto. Pero de ahí a que resulte positivo para la narración, es otra historia. E igual pasa con Marcial Álvarez en el papel de Juan, su marido. Aunque incluso más acentuado todavía, ya que se ha optado por representarle como un malvado sin ningún tipo de matices y desde el primer momento no hace más que desgañitarse (y además puede ser que los gritos ya le hayan pasado factura, porque se le notaba la voz cascada en esta función). El más contenido es el Víctor de Iván Hermés, quien consigue un química notable con Marsó en sus momentos juntos. El resto del reparto es algo irregular, destacando el personaje de Mona Martínez, que hace suyas por completo las escenas en las que aparece con una muy divertida (e igualmente extrema, aunque en este registro cómico incluso viene bien) caracterización de una ordinaria lavandera que guarda lindezas para todos.

El caso es que esta Yerma se ha quedado un poco más seca de lo que debería y deja escapar entre sus grietas parte de la corriente poética y dramática que ofrece el texto de Lorca. Sin embargo, plásticamente es tremendamente sugerente y, quieras que no, el texto está ahí. Y el final sigue encogiendo el corazón aunque uno no quiera. Lorca es Lorca. Y con Yerma consigue trasladarnos a un mundo poético y doloroso, en el que la angustia carcome el corazón y la razón: Te diré, niño mío, que sí, tronchada y rota soy para ti. ¡Cómo me duele esta cintura donde tendrás primera cuna! Cuándo, mi niño, vas a venir…

Deja un comentario